En mi cocina hace un frío del copón. Reflexiones de esas que te dan mientras desayunas y ves salir el sol en Zurdilandia.
Me gusta vivir en Londres. No es la ciudad que esperaba, es mil ciudades distintas y se intercambian tan rápido como cambia aquí el tiempo. Ahora puedes estar en un área residencial del oeste, en un parque victoriano del centro, o en uno de esos barrios chungos en los que se mueve la música más oscura.
A cada paso que das cambia.
Echo de menos cosas de Madrid, recuerdo detalles de Göteborg y me imagino las conversaciones que estarán teniendo ahora mis hermanos en Murcia; mientras yo estoy sentada en esta cocina de Londres en la que hace un frío del copón.
No sé dónde estará mi próxima cocina, sé que algún día me gustaría que estuviese en Barcelona.
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